Una nube que llueve.Veinticuatro gotas de agua que caen como diamantes de punta. El agua se suelta y se deja caer, abandona la nube y se cristaliza en artículo de lujo.
Ésta instalación simboliza el valor de ese elemento, presenta al agua como riqueza que ha sido, sigue siendo y será aún más; como objeto de deseo que se admira y se necesita.
El diamante, con su forma más característica, transparente y lleno de reflejos se asemeja a una gota de lluvia. Ambos son elementos que crea la naturaleza. En ésta obra las piezas se presentan en acetato plástico que contrasta, por ser un material pobre y artificial, con las gotas y los diamantes pero que, a su vez, sugiere su apariencia externa.
Pero también esa particularidad de aspecto y composición que aporta el plástico con el desarrollo y construcción de cada pieza a modo de envase, recuerda la manera en que recogemos, guardamos y protegemos cada diamante, cada gota de lluvia que abandona el cielo y enriquece la tierra.